domingo, 29 de noviembre de 2015

La teogonía, génesis de los Dioses


Moreu, Gustave, 1891.  Hesiod and the muse.

“Antes de todas las cosas fue Caos, después Gea, asiento de todos los inmortales que habitan las cumbres del Olimpo y el Tártaro sombrío […] Parió Gea a Urano, para que la cubriese y fuese una morada segura para los dioses...” Y en algún punto de la Grecia antigua estuvo un joven campesino con un mensaje sobre cómo todo, estuvo mirando el cielo, la tierra, y en algún momento Talía, Melpomene, Terpíscore, Erato, Polimnia, Urania y Caliope, las musas del Olimpo, se detuvieron ante sus ojos…
Hesíodo es considerado uno de los más antiguos poetas helenos, de los primeros del género didáctico. Género que se caracteriza por su objetivo de instruir, no como enseñanza sino como fuente de verdad, presentando un carácter primordialmente moral y práctico.
Los datos más certeros sobre la existencia de Hesíodo se han obtenido a partir de sus propias obras, las cuales constan de los primeros cincuenta y cuatro versos de El escudo de Heracles, Teogonía y Los trabajos y los días. Se atribuyen también Catálogo de mujeres, de lo demás solo quedan títulos y fragmentos; sin embargo, los estudiosos han afirmado que se trata de un imitador de la época. Es decir, lo poco que se conoce de él es a partir de las afirmaciones sobre sí mismo que elabora en poemas, tal vez como pocos o muchos autores lo han hecho. Su nacimiento es situado alrededor del año 700 antes de Cristo, lo que se puede afirmar es que, de forma cronológica, Hesíodo es posterior a Homero y anterior a Arquíloco. A pesar de que poco se conoce de su vida, a través de sus obras deja entrever líneas de su cotidianidad. De lo que muestra de su vida personal resalta que ha sido un hombre que vivió en Beocia, aunque su familia, en especial su padre, procedió de Cumas. En una de sus obras, Los trabajos y los días, da a conocer que una vez muerto su padre, se generó una disputa con su hermano, Perses, a causa de la herencia, dicho conflicto parece motivarlo para moverse de residencia. Una vez que se estableció en Naupacto, pasó su juventud bajo la sencillez de la vida en el campo, cuidando de un rebaño de ovejas en esa forma placida en que pasan los días para los campesinos griegos. Se llegó a pensar que se trataba de un agricultor que practicaba de forma paralela la poesía hexamétrica. En esta texto aborda los problemas sociales de su existencia, de su padre y el viaje emprendido hasta Beocia.
Ahí, en la vida contemplativa que solo el campo sabe otorgar, se convierte en el acreedor de la inspiración divina, de aquella que únicamente podía provenir de las musas, quienes con una rama de verde laurel le ordenaron que cantase a los dioses inmortales y a ellas desde el principio hasta el final. La teogonía es la inspiración que de forma majestuosa se le otorgó. Por lo que su obra es un canto poético a la creación de los dioses, partiendo de un punto que permite a su poesía plantarse con temas que le han asegurado un lugar por muchos siglos en la literatura helénica, debido a que todo es una afirmación de la creación misma, tratándose de una cosmogonía. Una narración que solo pretende se difunda la verdad, cantando siempre a las musas que lo acompañarán a lo largo de la Teogonía.
Sus obras, junto con las de Homero pueden considerarse parte fundamental del corpus fundacional de la cultura griega.
En La Teogonía, se aprecia que los mismos dioses se convierten en el escenario y personaje, a la vez, de su propia historia, ya que la existencia de cada uno desencadena una historia más. Da un espacio geográfico para que suceda la existencia de todas las generaciones de los dioses, desde los primitivos hasta los olímpicos. Así como también, no escatima en los detalles sobre la crueldad de los primeros, hasta la forma de relacionarse de los últimos. Relata las hazañas, los castigos, la relación con los mortales y la veneración que reciben de los mismos. Es una obra que refleja las creencias helénicas con la religión y el misticismo que la caracterizan. Cada suceso y elemento tiene una explicación divina, desde el cielo que cubre la tierra, hasta las montañas, sin olvidarse de su relación con los de los percances que ocurren a las deidades. No olvida, ni deja de lado está forma en que celebra a las musas, atribuyendo que fue su voz la que contó el principio de todo, desde el caos hasta Zeus y los héroes.
Esta obra puede considerarse un reflejo las costumbres morales y prácticas helénicas que prevalecerán para la posteridad. Pero lo más celebre en ellas ha sido ese poeta que de entre muchos fue elegido para contar la verdad, una que solo pueden otorgar las musas, quienes conocen el pasado, el presente y el futuro. Esas mujeres que con sus cantos iluminan el Olimpo.

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