domingo, 29 de noviembre de 2015

La Ilíada, la gloria de la vida y la muerte, antagónicas de una guerra épica

Tetis, tras la cólera de Aquiles, suplica a Zeus para que éste permita que los troyanos adquieran ventaja. Jean Auguste Dominique Ingres.
 La historia es implacable y solo pasan a través de ella los que con  ingenio y talento hacen que la humanidad se estremezca, y así sentados en su lecho de gloria están los más grandes escritores viendo arrodillárseles una y otra vez a todos los que con su obra apresan, este es el caso de Homero el más grande poeta épico del cual incluso se duda su existencia pero de ser el caso la historia se encargó de volverlo tan real que varias ciudades se disputaron el honor de ser su cuna. Es probable que naciera en Esmirna, viviera el Quíos y muriera en Íos. Heródoto supone que vivió hacia el 850 a J.C, pero estudios recientes basados en la lingüística estiman que fue un poeta que trabajó en torno al 700/730 a J.C., en una región que es hoy el oeste de Turquía.

Se le atribuyen dos de las más grandes y apreciadas obras en la historia, las rapsodias de La Ilíada y La Odisea, así como Los himnos homéricos y La Batracomiomaquia ( La batalla de las ranas y ratones).

El mar, los dioses, las naves, el honor, la gloria, el coraje, la valentía son los principales ingredientes de esta obra. Muchas de las civilizaciones de la antigüedad se desarrollaron mar adentro y la necesidad de exploración y conquista dio lugar a incontables batallas e inenarrables historias, afortunadamente para nosotros una de las más grandes batallas quedo para la posteridad. 

Ya lo dijo Aristóteles: “Homero, más que nadie enseñó a los demás poetas a decir cómo se debe decir lo falso a saber: en forma de falacia” esta reflexión desde entonces hecha por Aristóteles nos hace suponer que La Ilíada desde hace siglos es la historia contada con un argumento tan convincente y hermoso que lo hace valido y hasta real, tan real que llevó al arqueólogo alemán Enrique Schiliemann (1822-1890) a ir en busca de la ciudad de Troya.
La Ilíada es un poema épico contado en XXIV rapsodias o cantos donde cada uno de ellos nos va introduciendo de forma impecable, primero a vivir la pelea que Agamenón comandante en jefe de las fuerzas griegas y Aquiles  príncipe de Pitia e hijo de la Diosa Tetis enfrentan, incidente que a primera vista parece insignificante  y después nos describe de forma memorable las múltiples batallas entre aqueos y teucros.  

Agamenón petulante comandante se apodera del botín de guerra de Aquiles, la bella Briseida, esto despierta en Aquiles la irá y este decide junto con su ejército de mirmidones no pelear más al lado de él, esta decisión  afecta a Agamenón ya que pierde a su más grande guerrero, pero la batalla debe continuar y Homero nos lleva de la mano a vivir  las más memorables afrentas entre hombres de todos los rangos, el honor de morir en batalla era la más grande oportunidad de enaltecer el espíritu y llevar a todos esos hombres a la gloria eterna. Todos ellos plantados alrededor de la ciudad troyana  donde residía el rey Príamo, padre de Héctor y de París el raptor de Helena, esposa de Menelao, el hermano de Agamenón.
La Ilíada nos hubiera narrado sólo una historia más de guerra al no ser por la inminente inmersión de los Dioses en esta batalla, estos divididos en dos bandos y en continuo ir y venir del Olimpo contemplaban la batalla desde sus aposentos en el Monte de Ida.
Unos apoyaban a los griegos y otros, a los troyanos pero el que tiene más peso en esta batalla es el más grande dios: Zeus quien actuaba como intermediario y tomando decisiones en favor de unos y luego en favor de otros para que la batalla se viera equilibrada, según su juicio, pero Apolo desafiándole fue el dios que más apoyó a los troyanos dándoles innumerables victorias.

La camaradería de guerra es otro de los grandes rasgos en estas batallas y Homero no pudo plasmarla mejor que al describir como Patroclo al ver la pasividad de Aquiles decide lanzarse en batalla en contra de los troyanos y en esta pierde la vida desatando así la furia de Aquiles, furia que lo lleva de nuevo a la batalla, siendo Aquiles hijo de Tetis y ya desatada esta batalla entre dioses, le pide a su madre le favorezca en la muerte de Héctor, es así que Aquiles con una armadura hecha por Hefesto se enfrenta en batalla con Héctor.

Es así la historia de La Ilíada tan grande que en su final vemos a un Aquiles humano, cosa que Homero plasma en su obra de forma magistral, no se trata solo de ir y acabar con el enemigo, esta obra nos muestra ese carácter humano de todos los que en ella aparecen, la nostalgia de la muerte de grandes guerreros y el honor y respeto que ellos merecen, incluso  los dioses muestran compasión acercándolos a ser un poco humanos y porque no decirlo muestran la grandeza de los guerreros, nobleza de espíritu que los acerca a los dioses. 

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