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| Tetis, tras la cólera de Aquiles, suplica a Zeus para que éste permita que los troyanos adquieran ventaja. Jean Auguste Dominique Ingres. |
Se le atribuyen dos de las más
grandes y apreciadas obras en la historia, las rapsodias de La Ilíada y La Odisea, así como Los himnos homéricos y La Batracomiomaquia ( La batalla de las ranas y
ratones).
El mar, los dioses, las naves,
el honor, la gloria, el coraje, la valentía son los principales ingredientes de
esta obra. Muchas de las civilizaciones de la antigüedad se desarrollaron mar
adentro y la necesidad de exploración y conquista dio lugar a incontables
batallas e inenarrables historias, afortunadamente para nosotros una de las más
grandes batallas quedo para la posteridad.
Ya lo dijo Aristóteles:
“Homero, más que nadie enseñó a los demás poetas a decir cómo se debe decir lo
falso a saber: en forma de falacia” esta reflexión desde entonces hecha por
Aristóteles nos hace suponer que La
Ilíada desde hace siglos es la historia contada con un argumento tan
convincente y hermoso que lo hace valido y hasta real, tan real que llevó al
arqueólogo alemán Enrique Schiliemann (1822-1890) a ir en busca de la ciudad de
Troya.
La
Ilíada es un poema épico contado en XXIV rapsodias o cantos donde cada
uno de ellos nos va introduciendo de forma impecable, primero a vivir la pelea
que Agamenón comandante en jefe de las fuerzas griegas y Aquiles príncipe de Pitia e hijo de la Diosa Tetis
enfrentan, incidente que a primera vista parece insignificante y después nos describe de forma memorable las
múltiples batallas entre aqueos y teucros.
Agamenón petulante comandante
se apodera del botín de guerra de Aquiles, la bella Briseida, esto despierta en
Aquiles la irá y este decide junto con su ejército de mirmidones no pelear más al
lado de él, esta decisión afecta a
Agamenón ya que pierde a su más grande guerrero, pero la batalla debe continuar
y Homero nos lleva de la mano a vivir las más memorables afrentas entre hombres de
todos los rangos, el honor de morir en batalla era la más grande oportunidad de
enaltecer el espíritu y llevar a todos esos hombres a la gloria eterna. Todos
ellos plantados alrededor de la ciudad troyana
donde residía el rey Príamo, padre de Héctor y de París el raptor de
Helena, esposa de Menelao, el hermano de Agamenón.
La Ilíada nos hubiera narrado
sólo una historia más de guerra al no ser por la inminente inmersión de los
Dioses en esta batalla, estos divididos en dos bandos y en continuo ir y venir
del Olimpo contemplaban la batalla desde sus aposentos en el Monte de Ida.
Unos apoyaban a los griegos y
otros, a los troyanos pero el que tiene más peso en esta batalla es el más
grande dios: Zeus quien actuaba como intermediario y tomando decisiones en
favor de unos y luego en favor de otros para que la batalla se viera
equilibrada, según su juicio, pero Apolo desafiándole fue el dios que más apoyó
a los troyanos dándoles innumerables victorias.
La camaradería de guerra es
otro de los grandes rasgos en estas batallas y Homero no pudo plasmarla mejor
que al describir como Patroclo al ver la pasividad de Aquiles decide lanzarse
en batalla en contra de los troyanos y en esta pierde la vida desatando así la
furia de Aquiles, furia que lo lleva de nuevo a la batalla, siendo Aquiles hijo
de Tetis y ya desatada esta batalla entre dioses, le pide a su madre le favorezca
en la muerte de Héctor, es así que Aquiles con una armadura hecha por Hefesto
se enfrenta en batalla con Héctor.
Es así la historia de La Ilíada tan grande que en su final
vemos a un Aquiles humano, cosa que Homero plasma en su obra de forma
magistral, no se trata solo de ir y acabar con el enemigo, esta obra nos muestra
ese carácter humano de todos los que en ella aparecen, la nostalgia de la muerte
de grandes guerreros y el honor y respeto que ellos merecen, incluso los dioses muestran compasión acercándolos a ser
un poco humanos y porque no decirlo muestran la grandeza de los guerreros, nobleza
de espíritu que los acerca a los dioses.

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